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lunes, 18 de abril de 2016

Taquirari

El Taquirari es el ritmo musical y el baile más característico de los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando, que juntos conforman el oriente boliviano.



No se conoce con certeza su origen, pero existen testimonios de su presencia temprana en el siglo XIX, cuando, por ejemplo, el guerrillero cruceño Cañoto luchaba contra los españoles y tocaba en su guitarra melodías emparejadas con el trote del caballo.

Puede relacionarse la aparición del Taquirari con el desarrollo de la cultura criolla del oriente. Se cree que su nombre proviene de la palabra moxeña takiríkire que significa flecha.

Para bailar Taquirari, la pareja debe estar frente a frente y con las manos agarradas, Los saltos son marcados por un ritmo movido, un poco menos que el carnavalito, y las variaciones a veces improvisadas por los músicos.

El Taquirari tiene una clara influencia de los bailes indígenas de la región, caracterizados por su movimiento y alegría.

La vestimenta del camba está a tomo con el calor del trópico: camisa blanca, pantalón hasta el tobillo, sombrero de sao y pañoleta al cuello. La mujer viste el tradicional tipoy (vestido largo y sin mangas usado por las indígenas orientales) y tiene adornada la cabeza con flores coloridas de la región.

Pese a sus variaciones rítmicas, el Taquirari también es considerada la canción romántica del oriente, sobre todo, si se toma en cuenta sus letras casi siempre dirigidas a enamorar a la mujer o al varón. 

Entrada Universitaria Nacional mostró un buen nivel en danzas

Tobas, en la entrada universitaria de Tarija
Espectáculo y diversión la que se vivió en la jornada de ayer durante la Entrada Universitaria Nacional que congregó a miles de estudiantes en la Avenida Integración de la capital tarijeña si bien el público no acompañó como se esperaba.

El casi medio centenar de fraternidades, que congrega lo más selecto de las 10 Universidades Públicas del país junto a algunas carreras invitadas, bailaron y mostraron lo mejor de su preparación técnica. Una muestra folklórica con mucho detalle y mimo. También la presentación de las fraternidades de Tarija y de las carreras de provincias estuvieron a un buen nivel competitivo.

Los siete jurados elegidos para calificar no desvelaron sus puntajes, más al contrario guardaron celosos sus impresiones para coronar a los mejores. Las fraternidades y carreras elegidas tienen acceso a un jugoso premio económico.

El tiempo acompañó a los bailarines luego de retrasar ligeramente el horario de inicio ante la falta de público y el fuerte calor que se sentía en las horas centrales del día.

Impacto turístico


Se calcula que aproximadamente unas 2.000 personas han llegado a Tarija para participar de este evento, contando unas 60 personas por dos fraternidades, aproximadamente, de cada una de las Universidades Públicas y otras diez fraternidades invitadas. En ese sentido el movimiento económico ha sido relevante para la ciudad de Tarija.

La Universidad Autónoma Juan Misael Saracho, a través de sus Federaciones de Estudiantes, se prestó para acoger el evento en coincidencia con las fechas de las efemérides departamentales, aumentando así el impacto turístico en la ciudad. A pesar de que los universitarios contaban con programas paralelos de actos, muchos han aprovechado para disfrutar e integrarse en la oferta de la ciudad, como en la Feria de Exposición de Tarija (FexpoTarija) o incluso en las actividades del Abril en Tarija. En la próxima semana se cuantificará la inversión.

Entrada con sabor a elección universitaria

Si bien los “frentes” todavía no se han conformado y hay un pacto tácito de no empezar a caldear las nuevas elecciones al rectorado de la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho (UAJMS), el calendario electoral está presente en las diferentes conversaciones.

Hasta fin de mes se deben formalizar los frentes y de momento ya se conoce que existen dos conformados, mismos que son la reinterpretación del pasado fracaso del mes de septiembre de 2015.
Por un lado competirá Eduardo Cortez junto a Alberto Yurquina y por otro Gonzalo Gandarillas junto a Ricardo Colpari.

Cortez, señalado como el delfín del ex recotr Marcelo Hoyos, se llegó a proclamar ganador y ocupó el despacho hasta que el Tribunal Constitucional le negó. Esta vez lleva como aliado a Yurquina, que en 2015 buscó la silla y acabó apoyando a Gandarillas en la segunda vuelta.

Gandarillas también busca de nuevo el rectorado esta vez acompañado por el decano de la Facultad de Ciencias Integradas de Bermejo y ex rector interino Ricardo Colpari.

Es posible que aparezcan más frentes protagonizados por los ex candidatos a vicerrector Anselmo Rodríguez o Shirley Gamboa.

domingo, 10 de junio de 2012

No se baila así nomás

La entrada folklórica es el momento de mayor visibilidad de la fiesta popular. Es la gran vitrina pública para mostrarse a los demás. Es la hora del espectáculo, la oportunidad para lucirse en las calles. La entrada es el despliegue de la música, de las nuevas coreografías, de las renovadas vestimentas. Es la explosión de la sensualidad y del poder —como sucedió ayer, por ejemplo, en las calles de La Paz. Y el corazón a cuyo ritmo se mueve esa compleja y rica manifestación es, por supuesto, la danza.

La danza popular andina es el objeto de estudio de la antropóloga austriaca Eveline Sigl y del sociólogo boliviano David Mendoza Salazar. Juntos acaban de publicar No se baila así nomás..., un estudio sobre “género, poder, política, clase, religión y biodiversidad en las danzas del altiplano boliviano”, como reza el subtítulo del libro.

“Para mí la danza, y con eso el Gran Poder —dice Eveline Sigl—, es un instrumento para construir, cimentar y reafirmar identidades, y reflejar esas identidades frente a los demás”.

Así, en su visión, la danza no se reduce a una expresión artística o a una muestra del folklore. Es más bien un espacio en el que convergen y se definen múltiples dimensiones sociales, desde las económicas hasta las identitarias.

Bailar es, entonces —aunque los bailarines no sean conscientes de ello— poner en escena una compleja imagen de la sociedad. Esa imagen se proyecta, por ejemplo, con relación a la ciudad de La Paz, en la entrada del Gran Poder.

INCLUSIÓN. Una característica de esta festividad —iniciada por los devotos mestizos o cholos de la imagen del Señor de la Santísima Trinidad o del Gran Poder del barrio de Chijini hace más de un siglo— es, según David Mendoza, su carácter inclusivo.

Nació en un barrio de La Paz y a lo largo del tiempo no sólo creció abarcando cada vez más espacios de la ciudad sino también incorporando a otros sectores sociales, al punto de que hoy —dice Mendoza— es una fiesta de toda la ciudad y de todos los paceños.

Ese carácter inclusivo de la fiesta no anula, sin embargo, las diferenciaciones y las contradicciones sociales, étnicas o de clase. Al contrario —opina Sigl— las reproduce y las hace visibles en el lenguaje propio de la fiesta y de la danza.

Para David Mendoza, esas contradicciones se expresan hoy,  por ejemplo, en la competencia entre fraternidades, especialmente entre las morenadas. “Es una competencia entre zonas, entre urbanos y residentes, entre gremios, pero también dentro de una fraternidad, entre los distintos bloques: los bloques de cholas y morenos, de cholas antiguas y de achachis en los que bailan distintos sectores sociales que de alguna manera compiten entre ellos sobre todo en torno al prestigio”.

CHOLAS. La conformación de una fraternidad de morenos permite observar cómo, en el propio orden de la danza, perviven y se reproducen las distinciones sociales. Así, por ejemplo, los grandes bloques de cholas y morenos que constituyen el cuerpo central de la fraternidad —los morenos matraqueros y las colmenas de cholas, como los llama Mendoza— están integrados, en general, por sectores populares.

Otros sectores sociales que también forman parte de las fraternidades prefieren, en cambio, otros personajes para bailar: la china morena moderna, los achachis —con frecuencia integrados por profesionales— y, más recientemente, los bloques de cholas antiguas.  

Todos bailan en la misma fraternidad y participan juntos en la entrada del Gran Poder. Sin embargo, ello no impide ni anula las tensiones sociales o de identidad que se reproducen en la propia danza.

Por ejemplo, entre las cholas y las cholas antiguas —dice Sigl— hay una competencia. “Ambas tratan de mostrar la superioridad de su clase”. Y lo hacen con un elemento central de la danza y la fiesta: la vestimenta. “La chola tradicional —continúa la investigadora— compite con sus joyas pesadas, con su pollera de ocho metros de tela, con sus seis enaguas y con un buen sombrero. Mientras tanto, la que baila de chola antigua generalmente no cuenta con tanto poder económico. Su atuendo no cuesta ni la mitad de lo que cuesta el de la chola tradicional, su pollera no tiene ni tres metros de tela. Pero trata de construir y reflejar su superioridad de otro modo: con un estilo corporal distinto, con otros movimientos, con otra coreografía. Y sobre todo con sus botas. Las cholas antiguas siempre hablan de sus botas, porque esas botas, que en realidad son una moda europea, son el símbolo de la chola de antaño. El mensaje es claro: las cholas antiguas tienen más clase”.

Otro ejemplo de la complejidad de las relaciones que se tejen y destejen en torno a la danza es la transformación del personaje o figura de la china morena.

Eveline Sigl discrepa con quienes sostiene que este personaje apareció en las morenadas en los años 60 o 70. En La Paz —dice— no hay fuentes fidedignas para seguir su curso. En Oruro, en cambio, según la investigadora se ha documentado la presencia de chinas morenas por lo menos desde 1924, por ejemplo en la conformación de la Morenada Central y de la Morenada Zona Norte.

En sus inicios, este personaje vestía una pollera larga, una chaquetilla muy bordada parecida a la que usan los chutas, botas similares a las que actualmente viste el personaje de la chola antigua y máscara. Y, lo más importante, sólo los hombres bailaban vestidos de china morena. A fines de los años 60 —dice Sigl— se produjo un importante cambio: el personaje de la china morena comenzó a ser encarnado también por transformistas.

CAMBIO. Los transformistas —explica Sigl— son hombres biológicos que adoptan la identidad femenina solamente para la fiesta o para un evento. Son diferentes a los travestis que, por su parte, son hombres que adoptan la identidad genérica de mujer en todos los momentos de su vida.

Los primeros transformistas que bailaron de chinas morenas —entre los más conocidos y reconocidos estaban modistos y peluqueros— comenzaron a transformar al personaje. Sgil resume esos cambios: “Como peluqueros o modistos estaban muy relacionados con la moda internacional e introdujeron cambios con esa visión. Por ejemplo, mientras las polleras más se acortaban más subían las botas. Los trajes ya no tenían ni bordados ni lentejuelas como los de las chinas morenas tradicionales, se parecían más bien a los vestidos de fiesta de moda de la clase alta”.

Los actores de estas transformaciones provocaron otro cambio de gran importancia para la evolución del personaje: convencieron a las mujeres jóvenes —a quienes en la vida cotidiana en sus talleres o salones vestían, peinaban o maquillaban— para que bailen con ellas en las entradas.

Y así fue. Esas mujeres jóvenes bailaron con el traje de china morena reinventado por los transformistas y tuvieron un éxito abrumador. Y ese éxito sirvió para motivar la participación de otras mujeres. “Ése fue un punto clave —dice Sigl—, los transformistas no sólo crearon el personaje de la china morena moderna sino que hicieron que baile la gente de la clase alta”.

Pero hay un tercer momento, la “refolklorización de la china morena”. En la primera etapa, quienes bailaban de chinas morenas eran hombres heterosexuales. En la segunda etapa, el personaje fue encarnado por los transformistas. En la tercera etapa, las chinas morenas fueron mujeres heterosexuales. Los transformistas bailaban con pelucas o con el pelo suelto y con vestimenta de estilo internacional. Las mujeres, en cambio, sin renunciar a la sensualidad occidentalizada de la pollera corta y las botas altas, introdujeron las trenzas, el sombrero y el bordado sobrecargado. Es decir, volvieron a introducir en la vestimenta elementos del folklore tradicional.

MARKETING. En la pertenencia a una fraternidad está en juego el capital económico pero también el capital simbólico. Se necesita dinero para bailar —en algunas fraternidades, mucho dinero— pero así se gana prestigio social que puede convertirse también en un capital económico a través de las redes de relaciones.

No es casual por ello, que muchas fraternidades se organizan como empresas y desarrollan estrategias de mercadotecnia para reclutar a sus integrantes. “Hay fraternidades —dice Sigl— que incluso trabajan con la fórmula de marketing AIDA, esto quiere decir: Atención, Interés, Deseo y Acción”.

Primero, llaman la atención de la gente con sus presentaciones, y sus fiestas. Esa atención despierta el interés en participar.

Sobre este punto —continúa—, hay gente  “que está interesada en participar pero que no tiene suficientes recursos económicos para hacerlo. Para ellos las fraternidades crean un ambiente de interés a través de eventos deportivos o de kermeses. Así generan una especie de club de hinchas que no pueden bailar en ese momento pero que son las próximas generaciones de bailarines. Como buenos empresarios, piensan en el futuro: el marketing tiene que ser sostenible, tiene que haber una creación de interés continúa”.

La dimensión del deseo de la fórmula se expresa como el deseo de participar, de formar parte de algo más grande y prestigioso. “Hay fraternidades —dice la investigadora— que emiten credenciales para sus socios. Tener una de ellas es muy prestigioso, es una forma de identificación con algo importante”. Finalmente está la acción, que consiste en inscribirse y en formar parte de la fraternidad.

Identidad, prestigio, relaciones de género, riqueza, pertenencia... todo ello y más está en juego en la compleja trama de la fiesta popular. Está claro: No se baila así nomás...

domingo, 8 de enero de 2012

Lourdes y Juan Mamani, los bordadores del Gran Poder

Ivone Juárez Zeballos

Se conocieron a principios de la década de los 70, cuando eran adolescentes. Vivían en la misma casa de la avenida Kollasuyo de la zona El Tejar de La Paz.

“Éramos inquilinos de don Carlos y doña Pacesa, papás de Lourdes”, precisa Juan Mamani Paucara mientras recuerda cómo conoció a la que hoy es su esposa: Lourdes Maldonado Cruz.

Juan, junto a sus seis hermanos y sus padres, Francisco Mamani e Inés Paucara, estaba dedicado por completo al oficio del  bordado de trajes para bailes folklóricos. Su familia tenía un taller llamado Kantati, que también estaba instalado en la casa de Lourdes Maldonado.

Familia de bordadores

Los padres de Juan Mamani llegaron a La Paz recién casados. Doña Inés Paucara provenía de Pomamaya, una localidad cercana a la tranca de San Roque, mientras que don Francisco Mamani había nacido en Villa San Felipe, cerca de la tranca de Río Seco. Antes de que sus hijos nacieran, Francisco decidió traer a su esposa a la ciudad de La Paz, donde su tío Seferino Mamani había seguido el oficio de bordador que le había enseñado su abuelo, don Dionisio Mamani.

Los siete hijos de Francisco e Inés  (Elena, Malvina, Fernando, Mario, Juan, Raúl y Freddy)  nacieron en La Paz y todos fueron formados en el bordado de trajes de kullawadas, sicuris, morenada y otros.

La separación

En la década de los 80, los Mamani-Paucara decidieron ir a trabajar a la ciudad de El Alto y dejaron la casa de los Maldonado-Cruz, de quienes siempre guardaron un buen concepto porque los habían tratado bien y “eran gente unida, sencilla y muy amable”. La estadía en El Alto se redujo a ocho años, cuando decidieron regresar a la hoyada y comenzaron a frecuentar a sus antiguos dueños de casa. Un día Mario, hermano mayor de Juan, encontró a Lourdes en la calle por casualidad, lo que marcó el inicio del reencuentro.

“Vivíamos en la zona de Villa Victoria cuando comenzamos a frecuentar a nuestros antiguos dueños de casa. Un día le confesé a mi hermano Mario que estaba enamorado de Lourdes y que tenía intenciones de declararme. Mi hermano me dijo: ¡Dale Juan, dale! Creo que él sabía lo que sentía”, recuerda Juan.

Y vino la declaración de amor, que Lourdes aceptó porque también estaba enamorada de Juan.

A la hora de rememorar la primera cita romántica, ella dice que fue después de la Fiesta del Señor del Gran Poder, y él precisa que fue “un lunes”. Salieron a pasear por el centro de la ciudad y después a cenar.

“Así comenzó nuestra relación”, señala Juan al precisar que al año y 15 días de noviazgo se casaron; era el 4 de enero de 1988.

Su vida de matrimonio la iniciaron en la casa de Juan, siguiendo el oficio de su familia: el bordado de trajes.

Tres años de plazo

“Mi mamá, que en paz descanse, era muy exigente y para ella no había imposibles. Por eso, desde el primer momento que llegamos, nos dijo que en su casa sólo viviríamos tres años”, recuerda Juan.

―¡Tienen que ahorrar y comprarse su casa! ―les había sentenciado la mujer.

Y cumplió. A los tres años de matrimonio les preguntó por su ahorros.

―¿Dónde está lo que han ahorrado? Se los contaré ―había reclamado a Juan y Lourdes, quienes, por su lado, habían decidido que la sorprenderían comprándose una casa.

“Nos dedicamos a buscar una casita y al segundo día de búsqueda encontré una en Munaypata. El dueño pedía 18 mil dólares, pero no me creyó que podía comprarla. Tuve que llevar a mi hermana Malvina y a mi esposa  para que me tomara en serio. Mi hermana le contó nuestra situación, y creo que le dimos pena porque hasta nos rebajó a 15 mil dólares su propiedad”, cuenta Juan.

Compraron la casita y realmente sorprendieron a doña Inés Paucara, quien se emocionó tanto que en el instante salió a ch’allar con toda su fe la primera propiedad de su hijo y su esposa.

Doña Inés, esa mujer fundamental para el progreso de Juan y Lourdes, murió hace tres meses y dejó un enorme vacío en la vida de sus hijos.

Señor del Gran Poder

El mismo año que compraron su primera casita, a los esposos Mamani-Maldonado les tocó, junto a otras tres parejas de esposos, ser pasantes de la fiesta del Señor del Gran Poder, pero no contaban con el dinero suficiente.

“Fue terrible porque no teníamos con qué cubrir las cuotas, pero como el Señor del Gran Poder es tan milagroso, el mismo día que tenía que llevar el dinero me comenzaron a entrar contratos fuertes para trajes bordados. Fue una bendición porque ya teníamos el soporte para pagar el adelanto a las bandas y los locales. Incluso nos sobró  dinero, y así que pudimos construir unos cuartos en nuestro terreno para que nos visitaran los compadres”, expresa Juan Mamani.

La bendición del Señor del Gran Poder no tenía límites para los Mamani-Maldonado. El día de la Diana de la fiesta, en la madrugada, mientras caminaban para cumplir con su fe, se encontraron 8 mil bolivianos.

“Ahí empezó para nosotros el progreso”, asegura Juan.

Para entonces ya habían nacido sus hijas Wendy y Ángela, que hoy ya son profesionales.

Los Fanáticos del Gran Poder

Con el paso de los años, Lourdes, Juan y sus hermanos comprendieron que dedicarse a elaborar trajes para varios bailes era demasiado difícil, así que decidieron abocarse sólo a la morenada. Al mismo tiempo buscaron un socio y encontraron a don Félix Quisbert, quien también tenía su taller de bordados llamado Kori Tica.

Con don Félix Quisbert y otros “amigos y compadres”, en 1992, fundaron la fraternidad Los Fanáticos del Gran Poder, que comenzó con 40 fraternos y ahora excede los 500, sin contar las filiales con la que la fraternidad cuenta en Santa Cruz, Estados Unidos, España, Inglaterra, Brasil y Argentina.

“Como éramos jóvenes nos atrevimos, con compadres y amigos, a formar una fraternidad, para la que hacíamos la ropa innovando cada vez y proponiendo siempre nuevos modelos”, menciona Lourdes.

“Así comenzamos y pusimos a la danza de la morenada en su mayor auge, cambiando cada año los modelos de trajes. Antes sólo bailaban las personas mayores, pero cuando nosotros ingresamos con nuestra fraternidad, como éramos jóvenes, la gente joven se integró para bailar la morenada”, complementa Juan.

El surtidor

Ya en su taller de bordados de Munaypata, los Mamani-Maldonado, después de haber fundado la fraternidad Los Fanáticos del Gran Poder, sentían la inquietud de incursionar en otros negocios más; sin embargo, no habían tomado la decisión hasta que en 2004 Mario, hermano mayor que de alguna forma les había ayudado a ser pareja, le sugirió incursionar en el negocio del servicio de carburantes. Él lo había hecho instalando su propia estación de multiservicios  en plena carretera La Paz-Copacabana: el M&C Camino Real.

El complejo, construido sobre una superficie de 2.000 metros cuadrados, reunía un restaurante, un minimercado,  una tienda de artesanías y, además de una pequeña oficina de turismo, servicios de cambio de aceite, lavado de vehículos y provisión de gasolina. En el negocio de este emprendedor era también una novedad el servicio de atención al cliente brindado por simpáticas cholitas.

Juan y Lourdes analizaron la provocación que les había lanzado Mario y decidieron actuar, pese a que no contaban con el capital suficiente para iniciar el emprendimiento: 300 mil dólares.

“Vendan su casa”, les aconsejó Mario, quien también les indicó el lugar estratégico donde instalar la estación de servicio: el camino a Viacha.

Lo que al principio era impensable terminó siendo la única y mejor opción para incursionar en el nuevo negocio.

“Nos arriesgamos y lo hicimos. Vendimos la casa y nos fuimos a vivir a la casa de mi mami”, afirma Lourdes Maldonado.

El surtidor ―bautizado con el nombre de Kantati, como el taller de bordados de don Francisco Mamani― comenzó a dar ganancias sólo al tercer año, así que llegó la hora de comprarse nuevamente una casa. Y el lugar escogido para la nueva vivienda de los Mamani-Maldonado fue La Portada.

“Hicimos construir una casita bonita, pero no estuvimos mucho tiempo en ella porque luego quisimos instalar otra estación de servicios, ahora en la carretera a Oruro”, dice Lourdes.

Y quien les había metido el gusanito de crecer en el negocio de los carburantes era Mario, quien, lamentablemente, murió hace dos años víctima de una embolia.

“Lo material no lo es todo”

En 2006 Lourdes y Juan ya estaban encaminados en el nuevo proyecto de implementar una nueva estación de servicios. Habían vendido su casa, y junto a sus hijos se fueron a vivir a un departamento en alquiler. Pero ese año su hija mayor, Wendy, se graduaba de bachiller y quiso de regalo un viaje con toda la familia. Para entonces había nacido el tercer hijo de los Mamani-Maldonado: Carlitos.

El lugar del paseo fue Arica, Chile, donde iniciaron una vacación espectacular que, lamentablemente, fue interrumpida porque Lourdes cayó enferma repentinamente.

“Me vinieron unos dolores terribles y los calmantes no me hacían efecto. No recuerdo nada más porque me desmayé”, señala Lourdes.

Intentaron internarla en una de las mejores clínicas de Arica, pero fue imposible porque los médicos chilenos la desahuciaron a raíz de una peritonitis aguda que la había atacado.

La decisión era irremediable: regresar a La Paz. Sin embargo, el estado de inconsciencia de Lourdes hacía imposible el embarque aéreo, evoca Juan.

“No nos dejaban embarcar porque mi esposa estaba inconsciente. Cuando implorábamos que nos dejaran subir al avión, no sé de dónde sacó fuerzas, caminó y se dirigió al sobrecargo asegurándoles que sólo estaba resfriada. Lo convenció y nos embarcarnos. Apenas entramos al avión se desmayó y así llegó  a La Paz”.

Lourdes recuerda que en su inconsciencia veía a su esposo y a sus hijos llorando desesperados.

“Me desperté como de un sueño y vi a mi esposo y a mis hijos llorando. Cuando vi a mi Carlitos, que también lloraba, me levanté y me aferré a la vida. No quería morirme, no quería dejar a mi familia y no me iba a dejar”.

Ya en la ciudad de La Paz tuvieron la intención de llevarla a la “mejor clínica”, pero la fortuna fue que se encontraron con el doctor Roger Laguna, que “le salvó la vida”. Sin embargo, fue también el deseo de vivir de Lourdes lo que aceleró la recuperación de su salud.

La enfermedad sorpresiva de su esposa hizo que Juan gastara el dinero que tenían ahorrado para implementar su segunda gasolinera. También hizo que ambos repensaran su vida y que decidieran parar un poco en sus proyectos personales para abocarse a ayudar a sus hijos.

“Vendimos el terreno que habíamos comprado en la carretera a Oruro y devolvimos el dinero a cada uno de los inversionistas. Nosotros decidimos comprar un terreno en Cota Cota, donde hemos construido nuestra casa y donde vivimos felices en armonía”, dice Lourdes.

“Dios nos ha puesto una prueba y eso nos ha frenado un poquito en nuestros proyectos”, añade.

“Empujar a los hijos”

“Nos hemos detenido un poco porque hemos decidido que es hora de empujar a nuestras hijas, Wendy y Ángela. Queremos que emprendan sus propias empresas”, expresa Lourdes. Su esposo Juan comenta que sus planes son viajar a China con sus hijas para que conozcan ese país y vean a qué rubro quieren dedicarse.

Sin embargo, por el momento, ambos continúan con sus actividades.

Lourdes está dedicada al diseño de trajes de figuras de la morenada Los Fanáticos del Gran Poder y cada año lanza un nuevo modelo con motivos bolivianos y materiales que se pueden encontrar en el país. En 2009 comenzó a vestir a las guías de Los Fanáticos.

“Me encanta hacer ropa innovadora, y como siempre ganamos con la fraternidad en la fiesta del Gran Poder, me esmero en el vestuario de las guías. Los Fanáticos hemos ganado nueve trofeos desde nuestra fundación”, expresa orgullosa.

Por su lado, Juan administra la estación de servicio de la carretera a Viacha, que quieren ampliar, y el taller de bordados Kantati, que aún mantiene con sus hermanos Malvina y Freddy bordando trajes de morenos que llevan por todo el país y a Argentina, España, Estados Unidos, Inglaterra y Brasil.

“Este año recibimos una invitación de Barcelona (España) para llevar nuestros trajes. Y para la fiesta del Gran Poder estamos preparando 500 disfraces”, revela este hombre de negocios que también ha encontrado tiempo para dar rienda suelta a su lado artístico y componer morenadas. Su maestro fue el genio de las morenadas, el recién fallecido ‘Negrito’ Alfonso Zabala, a quien le compuso una canción llamada Negrito de Oro.

El 4 de enero, Lourdes y Juan cumplieron 24 años de casados y ambos están convencidos de que “empezar es difícil, pero es peor cuando se está solo”.

domingo, 19 de junio de 2011

Los negritos y los wacas alegraron a los asistentes

Las dos danzas que provocaron aplausos y pusieron un toque distinto fueron Los Negritos del Colegio Nacional Ayacucho, con la interpretación de los esclavos, y los waca- wacas con su imponente fuerza de sus movimientos.

Después del paso de las numerosas morenadas, Los Negritos del Ayacucho despertaban los aplausos de todo el público, pues estaban con cadenas en los pies, manos y cuellos, y completamente pintados de negro. 

Varios de ellos se tiraban al suelo simulando el dolor por los azotes, pero luego se ponían de pie con una sonrisa y pidiendo a la gente, que se encontraba en la calle Pando, sus aplausos.

“Bailo 18 años en Los Negritos, somos ex alumnos del Colegio Ayacucho y la fraternidad se fundo el 26 de abril de 1973. Somos la primera danza que representó a los esclavos, antes no había ni la saya afro”, comentó René Ticona, integrante de la fraternidad y ex alumno del Ayacucho. 

La otra danza que despertó la ovación de los asistentes fue la de los waca-wacas, esto por la fuerzas de sus movimientos y su potencia.

“Lo más significativo de estar en la entrada es la fe por el Señor del Gran Poder. Nuestra danza representa a la Pachamama”, comentó Daniel Estrada, mientras zarandeaba con mucha fuerza su traje en forma de toro a la altura de la avenida Buenos Aires. 

Daniel Estrada es hijo de uno de los hermanos Estrada Pacheco, quienes fueron los creadores de la danza del caporal y fue presentada al público por primera vez el año 1969, y quien dijo que el traje pesa aproximadamente 20 kilos.

Esto también se pudo observar en los Waca Tocoris Aymaras de Bolivia, quienes cuando pasaban por la avenida Tumusla recibieron los aplausos de los asistentes que se encontraban en las sillas y graderías.

Gran diversidad
Inicio La entrada arrancó a las 7:20 con algo de desorden, pero esto cambio al transcurrir las horas. 

Fraternidades 60 fraternidades compiten por ganar una de las tres categorías que están en competición. 

Platos Los platos de comida más consumidos por los asistentes fueron el pollo al horno, la sajta y el fricasé.

Travestis El bloque de travestis Las Magníficas llegó de Oruro para participar junto a la fraternidad Waca Tocoris Aymaras de Bolivia.

Costos Los costos de las sillas y graderías oscilaron entre 15 y 30 bolivianos.

Tradición Dana Galán, travesti de la Familia Galán, vistió de China Ñaupa, con lo cual recuperó un traje tradicional que se usaba desde 1943 en el Carnaval de Oruro.

Extranjeros 40 voluntarios franceses, alemanes e ingleses de la Fundación Arco Iris participaron en un bloque junto a los Thinkus Laikas.

Danzas La única danza de otra región que participó como invitada fue Las Comadres de Tarija.

Autoridad El senador Eugenio Rojas participó en la morenada Juventud San Pedro Residentes de Achacachi.

Finalización El evento cultural concluyó pasada la medianoche. 


Jóvenes y bandas
Las bandas compuestas sólo por jóvenes también hicieron un show aparte. 

Tal es el caso de Los Pendex Band, que son una banda de Oruro compuesta por 150 músicos y que acompañaron a la fraternidad Caporales Shoppistas.

Otra fue la Unión Juvenil que tiene 80 componentes y sus integrantes tienen entre 13 y 24 años.

“Tocaba platillo desde que tenía seis años”, contó Josep Córdova, de 13 años.

miércoles, 15 de junio de 2011

Danzas de Bolivia son amparadas por ley

Una ceremonia histórica para el folclore boliviano se vivió ayer tras reconocer a cinco danzas representativas del territorio nacional como bolivianas, toda vez que en años anteriores algunos países vecinos las presentaran como parte de su patrimonio.

En la plaza Villarroel se celebró la declaratoria de patrimonio cultural e inmaterial de la morenada, kullawada, llamerada, caporales y la saya afroboliviana. Estas danzas fueron reconocidas mediante ley por el presidente del Estado Plurinacional, Evo Morales.

NORMATIVA. La ministra de Culturas, Elizabeth Salguero, dijo que las leyes “servirán de freno a la constante y sistemática apropiación de nuestras danzas folclóricas por países vecinos”. Si bien Bolivia quiere que se difundan, también pide que se reconozca de dónde provienen. Señaló, además, que la ley permitirá poner en marcha un plan urgente de salvaguarda, registro y catalogación de las danzas tanto en el país como donde los millones de emigrantes bolivianos las bailen.

Kullawada

Danza gremial que representa a hiladores y tejedores durante el reinado de los Kollas; los personajes importantes son el Whapuri (hombre) y la Awila (esposa).

Saya afro

Se considera una fusión de elementos africanos, aymaras y españoles. La danza es acompañada por el son de tambores y por las coplas de los bailarines.

Morenada

El origen de esta danza se remonta al coloniaje; nació en las minas de Potosí y Oruro, y en las zonas cercanas a los lagos Poopó (Oruro) y Titicaca (La Paz).

Llamerada

Danza precolombina que imita la actividad del hombre andino (pastor arreando a sus llamas), sus orígenes pertenecen a la nación aymara.

Caporales

Danza mestiza que representa al mulato capataz de los esclavos africanos traídos a Bolivia durante la Colonia. Fue presentada al público por primera vez en 1969.

Para destacar

Satisfacción. Las asociaciones de grupos folclóricos aplaudieron la promulgación.

En 2010, tres mil caporales bailaron en diferentes países para defender esa danza como nacional.

Ángela Carrasco Soliz

La danza engrosa el Patrimonio de Bolivia

Tintaya, Juan Paredes y Carlos Suárez, sobrevivientes del primer directorio de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder, salieron a bailar morenada, considerada la reina del Gran Poder, minutos después de que el presidente Evo Morales promulgase ayer al mediodía en la plaza Villarroel las leyes sobre patrimonio boliviano.

Morales saludó a los proyectistas y a los asambleístas por haber aprobado las cinco leyes que servirán para “defender, consagrar y difundir nuestra música y danza”.

La ministra de Culturas, Elizabeth Salguero, señaló que ahora se debe elaborar un Plan de Salvaguardia para el registro, catalogación, revitalización, promoción y difusión de estas danzas. Recordó, además, que los proyectistas presentaron 250 documentos para que se haga realidad esta declaratoria.

Base. El historiador e integrante de la fraternidad Llamerada de la Universidad Mayor de San Andrés, Fernando Cajías, precisó que esta declaratoria es el paso previo para la homologación de Patrimonio por parte de la Unesco.

“Estas danzas estaban en peligro de apropiación de los países vecinos. Por eso, éste es un sello de identidad, que bailen los países vecinos, pero que recuerden también que son interpretaciones bolivianas”, dijo Cajías. Silvia Cusicanqui, miembro de la fraternidad “Kullawada ‘X’ del Gran Poder”, precisó que esta declaratoria cuida lo más hermoso que tiene Bolivia.

En el festejo, algunos preguntaron por la emblemática diablada que aún no fue declarada patrimonio. “Esperemos que pronto salga”, se lamentó Jorge Bilbao, de la Asociación de Conjuntos Folklóricos de Oruro (ACFO). El trámite todavía no terminó.

Una pista de baile en Miraflores

La plaza Villarroel se convirtó en un improvisado “danzódromo”, ante la vista de Morales, el presidente de la Asamblea Plurinacional, Héctor Arce, y los asambleístas Jorge Medina y Alejandro Zapata, que impulsaron la declaratoria.

Un caporal ‘100 por 100’

Vicente Estrada no podía creer que sus caporales sean declarados Patrimonio Cultural e Inmaterial del Estado Plurinacional de Bolivia.

“Todavía recuerdo esa vez (fines de los años 60) cuando junto a mi hermano Víctor (+) presenciamos cómo bailaban el caporal en Tocaña. Allí vimos el significado del chicote, la faja y toda la vestimenta que después dio nacimiento al caporal en La Paz”, añade el hombre de 61 años que creó esta danza propia de los jóvenes y que ahora no sólo se baila en La Paz, sino en todo el mundo.

Cuando Vicente escucha un caporal su corazón late al “ciento por ciento”, por eso no duda en tararear una de las primeras canciones de la Fraternidad Urus del Gran Poder que, en 1972, bailó por primera vez este ritmo.  “Más o menos la letra decía así: ‘Esta canción que yo canto/ por los Urus del Gran Poder. /Esta canción que yo canto/ por los Urus del Gran Poder. /¡Por qué!!!/ porque somos los primeros/los primeros creadores/ Porque somos los primeros/ los primeros creadores...’”.

En el mismo tono, el presidente de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder, Fernando Valencia, salu- dó la declaratoria por parte del Estado y destacó además que la entrada se hace cada vez más internacional con la participación de bloques de residentes extranjeros.


Las cinco danzas

1. LA MORENADA
La danza es considerada la reina del Gran Poder.
El origen se remonta al uso de esclavos negros en Potosí, cuando arrastraban cadenas al caminar, según el boletín del Ministerio de Culturas. Existen, también, otras versiones sobre la raíz de la danza en el país.

2. LOS CAPORALES
Una interpretación con raíces yungueñas y mulatas. 
Se bailó por primera vez en el Gran Poder, en 1972, de acuerdo con su creador Vicente Estrada. Según el Ministerio de Culturas, el caporal nace de la saya yungueña. El baile representa, por eso, a capataces mulatos.

3. LA KULLAWADA
El baile de los jóvenes de los años 70, en La Paz
La danza de moda en los años 70 y parte de los 80 era la kullawada. Representa a los hiladores y tejedores durante el reinado de los kollas, por eso los trajes llevan orfebrería, según el boletín de Culturas.

4. LA LLAMERADA
Los ‘karwanis’ vienen de la época precolombina
La llamerada es una danza precolombina que imita al pastor andino de llamas en el altiplano boliviano, de acuerdo con el boletín del Ministerio de Culturas. Su nombre original es karwanis, que significa “que tiene llamas”. 

5. SAYA AFROBOLIVIANA
La expresión artística cultural y viva de la saya
Danza afroboliviana que tiene una voz cantante como líder. “Sus orígenes están en Tocaña y Chijchipa en los Yungas”, dice el historiador Fernando Cajías. Los hombres entonan coplas y las mujeres repiten los coros.

jueves, 13 de enero de 2011

Pujllay Joyas de Tarabuco Ayarichi

En tardes de lluvia, el sonido lejano de un pinquillo en Tarabuco es señal de la presencia del Tata Pujllay. Espíritu oscuro, supay, demonio andino aparece en vísperas de carnaval montado en su caballo blanco y lleva consigo el arte de la música y el tejido. Del Tata Pujllay, los bailarines tarabuqueños emulan, desde hace siglos, el caballo y las espuelas “para que cuando bailen los pujllay tiemble la tierra”.

Apenas Juan Chambi acaba esa frase, tropas de gigantes en ojotas, guiadas por jinetes montados en caballos, hacen retumbar la plaza de Tarabuco. Con monteras y unkus, decenas de hombres morenos danzan huayños con las bocas verdes de coca. Son solitarios y silenciosos pero no tristes y entre ellos, sólo entre ellos, se ríen a menudo. “Estamos festejando por el pujllay y el ayarichi”, dice Chambi antes de unirse al grupo de Pisili, su comunidad.

La fiesta fue el domingo 19 de diciembre en el pueblo chuquisaqueño, a 60 kilómetros de Sucre. Los protagonistas, cientos de bailarines de las comunidades tarabuqueñas de Pisili, Paredón, Candelaria, Pampa Lupiara, San Jacinto, Q’arallantallo y Tomoroco. Las agasajadas, las danzas del pujllay y el ayarichi, en el lanzamiento de su postulación al título de Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, que otorga la Unesco.

“La danza del pujllay hace un todo con la del ayarichi; por eso vamos a postular a ambos bailes como una unidad que se organiza en torno a un calendario agrícola”. Rosalía Martínez Cereceda —etnomusicóloga chilena, de raíces bolivianas y radicada en Francia— es parte del equipo de especialistas de Asur (Fundación Antropólogos del Surandino), y Care que trabaja en la carpeta de postulación para el título patrimonial, que en Bolivia ostenta el Carnaval de Oruro y la cultura Kallawaya.

Pero hay más argumentos que esgrimir ante la Unesco —incansable, Martínez se apasiona cuando habla de las expresiones propias de Tarabuco—. “Del pujllay y el ayarichi son inseparables la música, la danza y la vestimenta. Estos tres elementos arman un sistema cultural completo y de códigos complejos, que estamos estudiando con un equipo interdisciplinario”.

Danzas de humedad y sequía

A los 12 años, Juan Chambi fue aceptado en la tropa de pujllay de su natal pueblo de Pisili. “He bailado pujllay durante cinco años; es más ligero y alegre”. Después, siguiendo el rito establecido, se integró al grupo de ayarichi. “Cuatro años ya estoy bailando ayarichi y voy a seguir”, asegura este técnico en Desarrollo de 28 años, que cursó estudios superiores en Santa Cruz pero que en cuanto pudo volvió a Tarabuco.

El ojo poco entrenado puede confundir el pujllay y el ayarichi, especialmente por la similitud de los trajes; pero son danzas distintas. “Pujllay significa juego, baile o alegría en quechua. Por ello, coincide con el tiempo de lluvias, en el que la tierra empieza a dar sus frutos y se renueva. El ayarichi, en cambio, pertenece al tiempo seco”, explica Martínez Cereceda.
Ambos bailes obedecen al calendario agrícola. El pujllay se interpreta desde el mes de diciembre y llega a su punto cumbre en febrero, coincidiendo con el carnaval. “Es pues danza de alegría, que agradece a la Pacha y llama a la producción”, puntualiza Juan y se saca la montera de cuero para la pausa. “El ayarichi se  baila desde marzo hasta octubre, depende de la comunidad”, explica.

Ambas expresiones son básicamente masculinas. Los danzarines brillan ataviados con monteras de cuero, unkus (o capas) tejidos; infaltables, las ojotas con espuelas. “Los textiles son importantísimos en los atuendos —puntualiza la etnomusicóloga Martínez—. Hemos visto que las coreografías responden a un sistema complejísimo que tiene que ver con los tejidos. Los pasos de la danza ayarichi crean simetrías similares a los diseños. La danza mantiene un eje y lo que hace una columna de bailarines, lo hace la otra. Así, los danzarines ejecutan lo que se llama simpay (trenza). Y con su recorrido van dibujando figuras extremadamente complejas y ése es un principio cognoscitivo que tiene mucho que ver con el arte de tejer”.

Y completando la trilogía de la danza y la vestimenta está la música. “A diferencia de la estética europea en la que prima la melodía, en la música del pujllay y el ayarichi lo que prima es la textura heterogénea de los instrumentos de viento. La flauta del ayarichi, por ejemplo, crea un sonido grave y uno agudo, al mismo tiempo”, dice la experta chilena.

“Hay huayños alegres y tristes tanto en el pujllay como en el ayarichi. Uno es más alegre pero el otro tampoco es triste”. Chambi explica así lo inexplicable con palabras. “Hay que sentir la música”.

Los recios guerreros


La Villa de Tarabuco fue fundada por orden del virrey Francisco Toledo el 29 de junio de 1578 en las faldas del cerro Kjara Kjara, en los valles de lo que es hoy Chuquisaca. Sin embargo, su historia se remonta al menos 300 años atrás, cuando floreció el reino Yampara. Por su espíritu militar, los yamparas en tiempos del incario conformaron el ejército que protegió al imperio de los ataques chiriguanos.

Del pasado colonial de Tarabuco, hoy apenas quedan pocas casas y algunas calles empedradas. “A todo meten cemento y construyen nomás con puro ladrillo”, lamenta Simón López, quien nació en este pueblo hace 72 años y fue uno de los primeros en abrir una tienda de artesanías. “Los tejidos tarabuqueños son famosos; también las monteras; pero ya no se venden como antes”, comenta y las razones saltan a la vista.  Cada domingo, decenas de comerciantes ofrecen textiles, ponchos, monteras y hasta ojotas en la plaza. En esta feria es cuestión de negociar, un buen regateador puede pagar la mitad del precio ofertado por cualquier prenda.
“Lo más importante de Tarabuco es su cultura, por eso este pueblo es famoso”, dice don Simón mientras aplaude el paso de las tropas comunitarias de pujllay y ayarichi que ese 19 de diciembre colmaron las calles tarabuqueñas.
Enormes en sus ojotas, los danzarines parecen guerreros de una batalla antigua. “Son los descendientes de los vencedores de Jumbate”. López, como la mayoría de sus paisanos, no conoce bien los referentes agrícolas del pujllay pero sí reivindica la historia republicana de la danza.

 El 12 de marzo de 1816, en plena guerra de la Independencia, recios combatientes indígenas vencieron a las tropas realistas españolas en la batalla de Jumbate. “Este hecho aparece apenas citado en la historia oficial; la mayor fuente de información sigue siendo la tradición oral”, explica el antropólogo Milton Eyzaguirre.

“Dice que eran pocos pero gigantes, guerreros enormes —López repite lo que escuchó desde niño de su abuela—. “Los tarabuqueños vencieron disfrazando los árboles de payares con ponchos; entonces los españoles creyeron que eran más, gastaron sus municiones y al final se rindieron”. De los héroes de aquella hazaña estratégica aún quedan descendientes en Tarabuco. “Aquí hay harto Calisaya, Carrillo, Miranda y Pacori, ellos habían sido los que han ideado todo”, añade.

Aquí todas las historias convergen para crear un mosaico donde se intercalan y sobreponen culturas: A los milenarios orígenes agrícolas de las danzas del pujllay y del ayarichi se suma la figura del Tata Pujllay, que revive el mito del origen demoniaco de la música. En este supay se reconocen los guerreros tarabuqueños que vencieron en Jumbate.

“Es un hecho que la mayoría de las expresiones culturales precolombinas han sido influenciadas por la Colonia y, después, por la República. Claro ejemplo de ello son los bailes del pujllay y el ayarichi; esa es otra de sus riquezas”, puntualiza la etnomusicóloga Rosalía Martínez.

De Tarabuco al mundo

En Tarabuco ha comenzado el acto central del lanzamiento de las danzas al título patrimonial. En el escenario, el gobernador de Chuquisaca, Esteban Urquizo, discursa en castellano y quechua: “Sí, la cultura tiene dueños y la Unesco tiene que reconocer a los bailes de Tarabuco”, dice entre aplausos.

Concentrados, los danzarines se esfuerzan por dejar en alto el nombre de sus comunidades. Los de Pisili sorprenden con una ayarichi encabezado por dos enormes jóvenes que cargan el cuerpo de una cabra. Esa presentación le vale al pueblo el premio ofrecido: será allí donde se filme el documental oficial de la postulación.

“Vamos a hacer lo que sea necesario para obtener el título, pero son decisiones que a veces obedecen a otro tipo de criterios. Lo que sí es importante es que aunque no lo tengamos este año, ya es una victoria el presentar las danzas tarabuqueñas; van a ser conocidas internacionalmente y tanto el Estado como las comunidades van a comprometerse a preservarlas”, enfatiza David Aruquipa, de Care Bolivia.

“Antes ha habido marginación, desvalorización de nuestra cultura; pero felizmente nuestros abuelos se han preocupado por cuidar nuestros bailes; por eso nos llega este sentimiento de no perderlos”. Juan Chambi brinda en quechua con sus compañeros por el triunfo de su comunidad y advierte: “Vamos a ganar el título de la Unesco, porque los yamparas somos dueños del pujllay y ayarichi. Nosotros sabemos, pero el mundo tiene que saber”.