domingo, 22 de enero de 2017

El Ekeko, ese celoso que rompe amores

Ekeko
El martes 24 de enero, a las 12:00, los  que tienen un Ekeko en su casa se apresurarán a llegar puntuales a la Feria de la Alasita para hacer saumar y ch’allar  a su diosecillo. Se asegurarán de haber comprado las últimas novedades en cuanto a miniaturas, para que su deidad las tenga colgadas en su cuerpo de yeso, abultando más así su preciada carga de alimentos, artefactos electrónicos, casas, vehículos y todo lo que sus creyentes sueñan poseer.

"Es que el Ekeko es bien exigente y hay que tenerlo contento. Cada año hay que buscar lo último en miniaturas que salió en feria para cargárselo, mientras más cargado esté, se pone más feliz”, asegura Margarita Machicado, una de las artesanas que  carga ekekos  para la Feria de la Alasita.

Pero eso no es todo,  el Ekeko exige mucho más que regalos, quiere atención, el tiempo de sus devotos, por eso  el primer  martes y viernes de cada mes  hay que sentarse junto a él, encenderle un cigarrillo Astoria y ponérselo en su boca de yeso, junto a unas hojas de coca.

"Hay que sentarse a su lado,  p’ijchar coca y fumar cigarrito, contarle tus preocupaciones y pedirle tus deseos... ¡Él te cumple todo”, asegura Margarita.

 ¡Ay, es un celoso!

Pero el Ekeko no es solamente exigente y caprichoso, es también muy celoso y quiere tener toda la atención. ¿Qué pasa si no se le da toda esa atención? "Es grave, puede hasta causar divorcios”, responde Víctor Sandóval, otro artesano de feria de la miniatura. "En Santa Cruz una pareja se divorció y al pobre Ekeko nomás  lo hicieron desparecer,  pero él no tuvo la culpa, ellos lo han descuidado. Dice que ella se volvió muy roñosa”, añade.

Pero no todas las historias de celos del Ekeko terminaron mal. La de Justina Tucupa tuvo un final feliz porque ella y su esposo "hablaron” con  el idolillo y le dejaron claro que él era el dios de la abundancia en su hogar.

"Cuando era soltera, mi hermana me regaló un Ekeko y  yo le daba toda mi atención. Cuando me casé lo llevé a mi  casa, pero de pronto comencé a tener muchos problemas con mi esposo, él se enojaba de nada. Le conté a mi hermana y ella me dijo: ‘Es el Ekeko, hazle fumar y explicale que no va dejar de ser el único’. Le hice caso y un martes, el primero del mes, mi esposo y yo nos sentamos a su lado, le prendimos cigarrito y le explicamos que él será siempre el dios de la abundancia  y que nosotros somos aparte, una pareja. Nos ha entendido porque nunca más tuvimos problemas”, cuenta Justina.

 Vida Tedeski, de la Secretaría de Culturas de la Alcaldía de La Paz, señala que esta creencia sobre el Ekeko se desarrolló en la época de la República. El Ekeko, como se lo conoce hoy,  comenzó a ser venerado desde la época de la Colonia, tras el cerco de Túpac Katari  a la ciudad de La Paz, en 1781.

"Entonces se acostumbraba a regalar al  Ekeko sin nada, para que la persona que lo recibiera lo vistiera y lo cargara con todo lo que deseaba tener. Al mismo tiempo, el primer  martes y viernes de cada mes había que hacerle fumar. Pero con el tiempo se fue perdiendo la costumbre de regalar el diosecillo  porque la gente le atribuía   mala suerte, que provocaba divorcios y que las mujeres solteras no se casaban”, señala Tedesqui.

La investigadora añade que a partir de esa mala fama que se le atribuyó al dios de la abundancia se desarrolló la costumbre de regalar gallitos a las mujeres solteras.

Pero las versiones de  que el Ekeko era celoso y provocaba divorcios no afectaron ni un poco  la fe de sus fieles creyentes, que año tras año, cada 24 de enero, depositan en él todos sus sueños para que los hagan realidad. Es cierto que las solteras ya no lo quieren, pero dicen  muchas viudas aún se desesperan por él... pero esa es otra historia.

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