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domingo, 17 de abril de 2016

Sombrero de cholita paceña

Apartado de la trancadera cotidiana de la plaza Garita de Lima y de los negocios de venta de videos en la avenida Buenos Aires, un callejón que tiene como horizonte el mercado Uruguay y el nevado Illimani cuenta como ornamento “exclusivo” las decenas de mostradores con prendas que convierten el Pasaje Tarapacá en la “calle de los sombreros”.

Hace 40 años, este sector era diferente a como luce ahora. En lugar de asfalto, su única capa era la tierra, donde un grupo de personas ofrecía callapos, esos troncos de más de dos metros que sirven para apuntalar las construcciones. Y de madrugada, mujeres de pollera comercializaban pescados  que traían desde el lago Titicaca en latas, mientras que llegaban y salían camiones hacia el área rural. Ese movimiento de personas hizo que hace más de 30 años también se establecieran algunos quioscos dedicados al arreglo de sombreros para chola. Don Luis Callisaya es uno de los “supervivientes” de aquellos tiempos que posibilitaron que este pasaje se convierta en la actualidad en una meca del sombrero, con mostradores donde se exponen diversos estilos y variedades de esta prenda que acompaña el vestir.

El sombrerero confiesa que fue la casualidad la que lo llevó a vivir de este oficio. Es muy probable que también haya sido el amor por Ninfa Flores, quien después se convirtió en su esposa. Para mostrarse maduro y solvente Luis trabajó como ayudante de Ernesto Flores, excombatiente de la Guerra del Chaco y padre de Ninfa, y quien tenía una tienda de venta de estas prendas en la calle Chuquisaca, por la cercanía con los mercados Lanza y Camacho, donde “generalmente estaban las cholas más elegantes”, que vestían los afamados Borsalino, aquel sombrero hecho de fieltro suave que produjo en serie el diseñador italiano Giuseppe Borsalino.

Estos sombreros, importados de Italia, los usaron las mujeres de pollera a inicios del siglo pasado, en 1920, relata Antonio Paredes Candia en su libro La chola paceña. Existen varias teorías acerca de su origen, y el éxito en ventas que alcanzó  en las tiendas de la sede de gobierno; pero en la que coinciden varios autores es que un comerciante trajo a La Paz un lote de sombreros para varón tipo tongo —como el que usaba Charles Chaplin—, que estaban de moda en todo el mundo. Sin embargo, le llegaron de color café, cuando la preferencia en la sociedad era el negro. Ante el riesgo de perder su inversión con la mercadería, se le ocurrió hacer algunas modificaciones, como colocar una cinta con dos pequeños lazos sostenidos por una pequeña hebilla de concha y terminados en borlas. Luego, puso los sombreros en el mostrador junto a un letrero que anunciaba: “Última moda para cholitas”.

“Por sus características, la chola lo adopta como un símbolo de distinción. El sombrero era un artículo de lujo, usado por un tipo de sociedad ‘exclusivo’”, explica la economista e investigadora cultural Valeria Salinas, quien agrega que servía también para diferenciarse de las mujeres del área rural. Es así como para la década de los años 30 de siglo XX, estas prendas ya eran conocidas como “Borsalinos para cholitas”.

Paredes Candia indica que previo a la moda de las prendas italianas, las paceñas usaban monteras, para lo cual se basa en un registro gráfico del siglo XIX que muestra a Simona Manzaneda, una chola que participó en el movimiento libertario del 16 de julio de 1809, con una de estas prendas. Para la segunda mitad de esa centuria, las féminas empleaban sombreros similares a los de las cochabambinas y potosinas, de color blanco o marfil.

Pero el estilo de los Borsalinos —que llegó por el apuro de un comerciante— se mantiene desde la década de los 20, ya que durante los primeros años no solo eran traídos de Italia, sino también de Estados Unidos, con la marca Stetson, y de Alemania con los Hückels.

“Gracias a Dios existen las señoras de pollera; si no fuera por eso, creo que nuestro gremio desaparecería”. Ronald Tarqui, dueño de la sombrerería Ideal, tiene mucha razón, pues la mayor parte de su producción está dedicada a ellas. Al igual que Luis, este artesano aprendió las técnicas de uno de los maestros del lugar, hasta que formó su familia y decidió abrir su propio local.

Además, “ellas son más exigentes y coquetas, por lo que tienen que caminar con el sombrero bien planchadito y brilloso”, sostiene el dueño de la sombrerería Ninfa, mientras su hijo Moisés moldea un sombrero de varón, para lo cual emplea una plancha que calienta en una pequeña cocina. Luis aclara que tienen una eléctrica pero no se tienen los mismos resultados, así es que se mantienen con las prácticas que se utilizaban años pasados.

Bonifacio Tarquino fue uno de los primeros en hacer de esta zona un lugar exclusivo para el comercio de sombreros y dejó a su hijo Javier como heredero del oficio. “Prácticamente he nacido en esta zona, la 14 de Septiembre”, cuenta su descendiente, quien se precia de ser el sucesor de una marca reconocida en la ciudad. En cuanto a los estilos, ha cambiado muy poco desde los primeros años. Además de los Borsalinos, que se caracterizan por su copa baja, están las de copa mediana y alta, según la preferencia de la persona que los usa. Lo que últimamente sí está cambiando son los colores, pues a los clásicos negro, plomo oscuro, café chocolate, avellano y tabaco se suman el plomo claro (llamado popularmente tunta), champán (que es más claro que el avellano), el de tonalidad api y el color vicuña o dorado, que se utilizarán en la fiesta del Gran Poder, coinciden los artesanos.

No obstante, lo efímero de la moda hace que haya más innovaciones. Desde el año pasado, por ejemplo, algunos ornamentos del sombrero de cholita son hechos en oro o plata. Por ejemplo, los respiradores (los pequeños huecos que están en un costado) y la hebilla que sostiene los lazos son elaborados con estos metales, “dependiendo del gusto del cliente”, asegura Javier. Es por esa razón que los precios varían desde los 45 bolivianos hasta los 1.200, según la materia prima, que llega desde Viacha o Sucre, en el ámbito nacional, o los importados de Brasil, Italia y Portugal. Javier, Luis y Ronald, como los otros 20 artesanos del Pasaje Tarapacá, consideran en que la Entrada de Carnaval de Oruro, la fiesta de Colquepata, que se celebra en el municipio de Copacabana el 3 de mayo, el Gran Poder y la Entrada Universitaria, son las celebraciones que atraen a más clientes, ya que algunas fraternidades incluso adquieren hasta 800 sombreros.

En cuanto a las exportaciones, estas prendas son comercializadas en Perú, Chile, Argentina, Estados Unidos, España y Francia —aseguran los artesanos—, principalmente por inmigrantes bolivianos que tienen fiestas folklóricas en esos países.

Mientras que la cotidianidad continúa en la plaza Garita de Lima y en la avenida Buenos Aires, el Pasaje Tarapacá parece un lugar de descanso de las ajetreadas jornadas en esta zona comercial, un callejón que dejó de tener vendedores de callapos y pescado, y que ahora está adornado por mostradores que lo convierten en una verdadera Meca del sombrero.

Contra el cáncer de piel

La primera defensa contra los peligrosos rayos ultravioleta, que causan cáncer en la piel, es la ropa. De acuerdo con estadísticas del Ministerio de Salud de Bolivia elaboradas en 2014, 860 personas fueron diagnosticadas con tumor de piel benigno y 204 con tumor de piel maligno, con una tasa de incidencia, según sexo, de 43% en varones y 56% en mujeres.

El cáncer de piel es un crecimiento incontrolable de células cutáneas que se puede diseminar desde la piel hasta otros tejidos u órganos si se deja sin examinar. Existen varias apariencias que ayudan a diagnosticarlo: pueden ser manchas pequeñas, brillantes o cerosas; escamosas o ásperas, firmes y rojas; por lo tanto, ante cualquier sospecha es recomendable consultar con un médico.

Para prevenir las enfermedades causadas por excesiva exposición a los rayos solares, los sombreros son la principal manera para proteger la cabeza. La Skin Cancer Foundation recomienda a todas las personas que usen sombrero de ala ancha, para que pueda dar sombra a la cara, el cuello, las orejas y la parte superior de los hombros.

El Borsalino en el cine

Borsalino no es solo una marca para sombreros de cholita, sino que es una empresa que tuvo influencia en todo el mundo.

Esta empresa familiar empezó con Giuseppe Borsalino, quien nació en Alejandría en 1834 y después de haberse desempeñado como aprendiz en su ciudad, trabajó durante siete años en la fábrica de sombreros Berteil, en Rue du Temple en París, Francia, donde obtuvo el título de maestro sombrerero. Un año después de regresar a Italia (1857), Giuseppe abrió su primer taller en Alejandría junto a su hermano Lázaro.

Luego de un tiempo, Borsalino se convirtió en una marca de sombreros de calidad, que impuso el empleo exclusivo del fieltro de pelo de conejo, para competir con las principales fábricas del mundo. Fue tanta la fama que tuvo, que en 1970 se estrenó la película Borsalino, una producción franco-italiana ambientada en los años 30 y que estaba coprotagonizada por los actores Alain Delon y Jean Paul Belmondo.

domingo, 27 de mayo de 2012

Fiestas y estaciones marcan tendencia en la chola paceña

El atuendo de esta festividad marca la tendencia de otras fiestas populares, pues los fraternos mandan a confeccionar trajes con diseños únicos que son revelados el día de la fiesta y no antes, porque son “un secreto de Estado”, asegura Pablo Bautista, vicepresidente de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder, quien añade que “el ciclo de moda de la mujer de pollera es trimestral y no anual”.

A pesar de los cambios de color, el estilo, los bordados y el acompañamiento de sus accesorios, si algo resalta la directora de Danzart Bolivia, Carmen Arce, es que ya sea en cualquier época del año o festividad, ellas siempre se muestran “elegantes”.

“La moda cambia de acuerdo a las estaciones y también a la importación de las telas que son utilizadas para confeccionar, sin olvidar las fiestas patronales, como la del Gran Poder, que también cambian las tendencias”, señala.

Sin embargo, esta moda puede renovarse hasta mensualmente, así lo manifiesta la preste mayor del Gran Poder, artesana y bordadora Silvia Choque. “Incluso hasta cada mes llegan nuevas telas       —que provienen principalmente  de China— y por ello las confecciones cambian. Últimamente, se ha visto que las telas están llegando más seguido”. Inclusive la tendencia se vuelve temática, continúa Arce. Este es el caso de la Morenada Juventud San Pedro Residentes de Achacachi, que llevó diseños pintados por el reconocido pintor Roberto Mamani Mamani en 2011.

Si bien existen cambios que se producen en la vestimenta, vinculados con los accesorios y los colores de la ropa, existe un respeto por la pollera y la manta que se utilizan diariamente.

Los colores de la ropa en verano y primavera son más claros, y en otoño e invierno más oscuros, como el plomo, negro y azul. Al estar ingresando a la época fría en la ciudad, los colores deberían ser más sombríos, sin embargo, para la fiesta se excluye esto y se resaltan los colores más chillones, según la explicación de Arce.

Entrada. Silvia Choque sostiene que, a diferencia de años anteriores, en esta fiesta se lucirán los bordados con perlas, además de otras con imágenes de aves, como el picaflor y el pavo real, íconos alejados de la realidad andina. “Eso denota poder económico y las aves, a pesar de que no existen en nuestra región, representan nobleza, gallardía, color. Cada fraternidad en el Gran Poder quiere brillar más independientemente”, indica Arce. “Años atrás se usaban lentejuelas, pero ahora habrá  bordados con canutillos”, detalla Choque.

Los zapatos son otro de los accesorios que van cambiando. Ya no son simplemente planos y de color negro. Actualmente, y principalmente para las fiestas, se confeccionan con diseños transparentes, sin talonera, con boca de pez (una pequeña abertura adelante), con bordados y colores claros. “Son más coquetos”, asegura la bordadora.

En el campo la moda tiene otra tendencia

Cuando es época de cosecha, la mujer de pollera usa colores fuertes, y en invierno busca abrigo en colores oscuros, que atraen más al sol, señala la directora de Danzart, Carmen Arce, que ha organizado un seminario sobre el Gran Poder entre el 28 y 31 de mayo con los investigadores Eveline Silg y David Mendoza (20 de Octubre 1389).

domingo, 26 de junio de 2011

Ser cholita paceña ‘elegante’ cuesta al menos Bs 3.500

Las cholitas paceñas de "a pie" lucen "elegantes" vestimentas entre mantas, polleras, zapatos y joyas que alcanzan los 3500 bolivianos. Con los atuendos asisten a almuerzos, reuniones familiares y al trabajo.  

Tania Chambilla, modelo profesional que es candidata a la elección de la "Cholita Paceña 2011" y "Cholita con Ñeq’e" para este domingo 26 de junio informó a ANF que cada año la moda marca nuevas tendencias en la vestimenta.  

"Esta vestimenta también nos sirve para salir a la calle no solo para fiestas, son para almuerzos, para ir al trabajo y confeccionarlas y cuesta sin contar las joyas como Bs 2000, la inversión total sería de Bs. 3500 con las joyas de plata que es la tendencia actual", dijo Chambilla.  

Según la modelo en la actualidad la moda para la cholita paceña tuvo muchas innovaciones, "este año vuelve la copa baja en el sombrero borsalino, en cuanto a las joyas han salido una variedad pero ahora se dio la forma del pavo real en los aretes, se utilizó más la plata que el oro".  

Otra de las innovaciones de este año y que "mas prefieren" las cholitas es que todas las mantas están basadas en la transparencia para que se noten las trenzas, " es más cómodo y hay influencia de la moda europea para no quedarnos atrás", asegura la modelo.  

Además recalcó que anteriormente las mujeres de pollera tenían que ser "más sobrias" luciendo el negro, color petróleo, perla y blanco .

"Pero ahora hay con una infinidad de hoy resaltan los colores fucsia, naranja, verde, rosado entre otros", puntualizó Chambilla.  

Este domingo, delegadas de nueve macro distritos de la ciudad participarán este domingo 26 en la elección de la "Cholita Paceña 2011" y "Cholita con Ñeq’e".

La plaza Camacho será acondicionada por la Oficialía Mayor de Culturas donde las 18 simpáticas mujeres de pollera harán gala de sus atributos físicos, conocimientos culturales e idioma nativo.
  
A las 10:00, el escenario se convertirá en una gran pasarela donde las participantes responderán a consultas sobre cultura general y algunos aspectos de la ciudad alentadas por las barras apostadas en las inmediaciones. 

Las aspirantes a los dos títulos demostrarán su simpatía y conocimientos que las convertirán en dignas representantes para revalorizar y posesionar la identidad de este grupo social, además de la gracia, fuerza, liderazgo, carácter y valentía que caracterizan al paceño (a).  

Los responsables de la organización señalaron que la elección no responde a criterios estéticos occidentales y de promoción comercial, sino a una representación de la identidad cultural de la mujer de pollera, su belleza particular, la vestimenta, el idioma nativo y el reconocimiento social que tiene.

En los últimos años la participación de la chola paceña en una diversidad de ámbitos, le ha permitido ganar notoriedad, dejando a un lado las visiones de exclusión y discriminación. ANF

La Paz elije a su “Cholita Paceña y “Cholita con Ñeq’e” 2011

Delegadas de nueve macrodistritos de la ciudad participarán la mañana de hoy en la elección de la “Cholita Paceña 2011” y “Cholita con Ñeq’e”, 18 cholitas.

La plaza Camacho será acondicionada por la Oficialía Mayor de Culturas donde las mujeres de pollera harán gala de sus atributos físicos, conocimientos culturales e idioma nativo.

Al promediar las 10:00, el escenario se convertirá en una gran pasarela donde las participantes responderán a consultas sobre cultura general y algunos aspectos de la ciudad alentadas por las barras apostadas en las inmediaciones. Las aspirantes a los dos títulos demostrarán su simpatía y conocimientos que las convertirán en dignas representantes para revalorizar y posesionar la identidad de este grupo social, además de la gracia, fuerza, liderazgo, carácter y valentía que caracterizan al paceño (a).

ELECCIÓN DIFERENTE

Los responsables de la organización señalaron que la elección no responde a criterios estéticos occidentales y de promoción comercial, sino a una representación de la identidad cultural de la mujer de pollera, su belleza particular, la vestimenta, el idioma nativo y el reconocimiento social que tiene. En los últimos años la participación de la chola paceña en una diversidad de ámbitos, le ha permitido ganar notoriedad, dejando a un lado las visiones de exclusión y discriminación.

Al lograr nuevos espacios, la mujer de pollera revierte la visión de que ésta debería estar asociada con actividades específicas, marcadas por su indumentaria, asociada generalmente con la falta de educación y por tanto debería estar destinada a ser empleada doméstica, sin poder ingresar a otros espacios de participación y/o decisión.

PREELECCIÓN

Entre mayo y junio se llevó a cabo la elección de dos representantes por cada macrodistrito. Participaron cholitas solteras de 15 a 35 años. Entonces se tomó en cuenta el manejo de la lengua materna, que puede ser aymara, quechua u otra, el traje tradicional, la personalidad y el conocimiento de su realidad sociocultural y patrimonial, aspectos que el domingo serán nuevamente tomados en cuenta por el jurado.

La Unidad de Folklore del municipio paceño se encargó de actualizar sus conocimientos y hacerles partícipe de actividades especiales como paseos por lugares patrimoniales de la ciudad, cursos de oratoria y otros.

La “Cholita Paceña 2011” y la “Cholita con Ñeq’e 2011”, participarán conjuntamente con las autoridades del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz en las actividades protocolares cívicas, culturales, folklóricas y otras que se desarrollen a lo largo del año hasta el próximo certamen, especialmente en las Fiestas Julias.

CANDIDATAS

Entre las candidatas se encuentran Rosemary Callisaya Mamani y Jimena Quispe Apaza (Cholita del macrodistrito San Antonio; Feliza Alvarez Vaca y Maria Virginia Valero de Periférica. De Cotahuma vienen Celia Ramos Huarachi y Guillermina Quispe Quispe; Martha Mamani y Miriam Laura Camargo representarán a Max Paredes; Virginia Quino Cori y Maria Reyna Condori Poma de la zona Sur.

Gladys Vasquez Ramírez y Martha Huallpa Cusi son finalistas del macrodistrito Centro; Karina Casillo Mamani y Delia Barbara Vasquez llegan desde Hampaturi). Maritza Tincuta Lucero y Celia Quecaña Cuentas de Zongo y de Mallasa Maria Isabel Miranda y Virginia Condori Laura.

miércoles, 15 de junio de 2011

Los topos tienen las formas de pavo y kantuta

Este año los diseños novedosos en cuanto a forma y color de los topos, que llevan las mujeres en el pecho, son: la kantuta, pavo teal y figuras de la cultura Tiwanakota (monolitos, la Puerta del Sol y de la Luna).

Todas las joyas incluyen perlas con colores vistosos.

Leticia Condori, propietaria de la joyería “Bolivia”, señala que el material de plata está siendo muy requerido para la elaboración de las joyas grandes: topos, aretes y ramilletes, para los integrantes de los grupos de las danzas pesadas.

Asimismo, las piezas trabajadas en plata tienen más incrustaciones de piedras sintéticas y miden de ocho a 30 centímetros de altura y los precios varían entre 3.500 a 10.000 bolivianos.

Por otro lado, Eusebio Cori, joyero desde hace diez años, recordó que la plata cobró vigencia y favoritismo entre los fraternos, por lo cual los diseños son trabajados con piedras traídas desde Santa Cruz y Cochabamba entre ellos circones, champagne, citrinos y para los más exigentes piedras naturales. Todo al pedido de sus clientes de la fraternidad Rosas de Viacha, para quienes trabaja todo un juego de joyas de 150 gramos de plata bañado con oro cada uno.

En los últimos días se pudo advertir a muchos bailarines frecuentar las joyerías de la zona de la avenida Buenos Aires.

domingo, 15 de mayo de 2011

Cholita paceña, feminidad de la cabeza a los pies

Aunque el origen del sombrero, las polleras, las trenzas y el resto del atuendo no es boliviano, sino español (por imposición real), nadie podría decir a las cholas paceñas que sus ropas no son suyas.

Tradicionales, ciertamente, pero, como las prendas modernas u occidentales, dueñas de tendencias que cambian cada año. Y, ¿cómo se viste exactamente una chola paceña? “Para distinguirse, tiene que ir de primera”, dice el señor Kelly mirando a su esposa, Victoria Quisbert (62), una de esas mujeres que lucen elegante vestimenta paceña.

Con el permiso de ambos, nos hemos permitido incluso levantarle la pollera para ver qué es lo que lleva debajo una cholita. Pero vayamos por partes.

El sombrero.

No importa cuántas veces se lo vea. Sigue siendo sorprendente observar a una cholita correr o entrar a un mini, con la cabeza inclinada, mientras el sombrero continúa en su sitio. Podría pensarse que lo lleva enganchado de alguna forma a la cabeza, pero Victoria muestra que no al quitárselo ante nuestros ojos.

El auténtico es de tipo borsalino, pero cada vez se ve menos porque su elevado valor lo ha convertido en objetivo de ladrones. “Ya me han robado tres”, lamenta Victoria. Incluso, uno de ellos desapareció de su casa durante la visita de unos familiares. 

Ella no ha renunciado a llevar este importante complemento de su atuendo, pero suele usarlos de otros materiales más económicos. “Cuántas  veces he llegado sin aretes, sin sombrero…” . Puede ser de color café, plomo y perla o avellana.
Bajo el tocado, el pelo va recogido en dos simbas que terminan adornadas con sendas tullmas oscuras a juego con el pelo que se trenza con sus lianas.

Las joyas.

Como afirma el marido de Victoria, se puede saber a simple vista que una chola es paceña. Lleva adornos por todas partes: en el sombrero luce la rama; para sujetarse la manta, coloca un topo (broche) a la altura del pecho; además, porta aretes y anillos (hasta cuatro suele usar, asegura Victoria). Ni los dientes están libres de ornamentos: hace 25 años que empezó a adornar su sonrisa con oro. Primero, las coronas y, luego, piezas completas.

Las joyas no son las mismas cada día: se reservan las de mayor calidad para ocasiones especiales, ya que los ladrones también buscan los adornos que lucen las cholitas. “En la puerta del local (donde trabajan) ya están esperando. A mí me han atracado, casi me matan”. Por ello, Victoria normalmente lleva joyas bañadas en oro o hechas de plata y luce las mejores para eventos importantes como fiestas, de las que va y viene en taxi para evitar que le roben. Eso sí, no renuncia a lucir, cuando puede, sus joyas, porque muestran el estatus social en el que se encuentra una chola: mayor jerarquía dentro del grupo social a más cantidad de joyas, explica, ya que “denotan poder económico”.

Las prendas.

Como los complementos, la ropa es también característica. Victoria lleva puesta una blusa de gasa con furrús y una pollera con guipur (un tipo de encaje) de color amarillo, todo a la última moda. Y bajo la blusa, ¿qué se pone? “Suelo llevar una polera”, revela.

El conjunto que viste cuando nos recibe es para ocasiones especiales, el que estrenó el 6 de marzo, día de su cumpleaños. “Yo me compro tela y me hago coser. Tengo mi costurera”. Para una pollera se necesitan unos seis metros de tela, que suele ser importada de Brasil o China. “Las telas bolivianas no son de buena calidad”, la apoyan las hijas. Y lo bueno, cuesta. Por eso mismo, estas últimas sólo visten de chola para bailar morenada en el Gran Poder, que exige buena inversión. “No se puede comparar la chola paceña con la del campo, de provincia… Es muy distinto” —dice el marido—. No llevan la calidad que la chola paceña. Ahí se distingue la chola”.

Y, bajo la pollera, para darle ese volumen tan llamativo, Victoria lleva cuatro centros o enaguas, que deja ver cuando mueve la cadera al bailar morenada. “He bailado hartos años, en todas las comparsas”, asegura. Toda la familia ha participado en el desfile del Gran Poder al ritmo de morenada, pero ella ya no baila porque se cayó y se lastimó una pierna.

Sobre la blusa, para abrigarse, lleva otro de los elementos típicos: una manta que, en su caso, es doble y de vicuña, color café. Se la coloca a la espalda y, para sujetarla, une los dos extremos sobre su pecho con el topo. Esta pieza varía su tamaño según la ocasión: cuanto más importante es la fiesta o el acto, mayor es el broche.

Ella misma ha sido hiladora de lana de vicuña para mantas y, desde hace 15 años, comercializa esta prenda, cuyo valor, según el material que se use, oscila entre los 12.000 y los 15.000 bolivianos. También vendió mantas en el mercado de Sopocachi desde los 12 años, pero dejó la venta directa al casarse. Incluso exportó estas prendas durante algunos años. “Ahora tengo mis caseras”, explica Victoria. Ellas le hacen los pedidos y luego venden las mantas en los mercados.
Cuidadosamente dobladas, guarda en su ropero diferentes mantas, de varios colores según el tipo de vicuña del que se haya obtenido la lana e, incluso, algunas de seda. Además, para el invierno posee una sobremanta de fina vicuña, de mayor longitud y que resulta fácil de robar, por lo que no suele usarla a diario.

En los pies lleva medias de nylon y zapatos planos. “Le gusta combinar bien la ropa”, la elogian sus familiares. Para ello, Victoria tiene un armario lleno de prendas y complementos: hay 10 sombreros y el mismo número de pares de zapatos a tono, siempre planos, pues es la chola antigua la que calzaba la bota de media caña que se usó hasta mediados del siglo pasado. “Las cholas nos distinguimos en cualquier acontecimiento: qué ropa lleva, qué joyas… Eso también es de las cholas”, dice con su singular sintaxis.
En el ropero, también dobladas, Victoria tiene hasta 15 polleras. Al preguntarle cuánto tiempo puede durarle cada una, responde: “Cada año cambio la ropa”. Y lo que marca ese ciclo es la festividad del Gran Poder, donde salen los nuevos trajes y las tendencias de colores, tejidos, adornos que una chola elegante debe tomar en cuenta los siguientes 364 días del año.
Para adquirir telas, prendas y complementos, Victoria Kelly suele ir a las tiendas de la calle Comercio y de la avenida Baptista, algunas de las cuales participan en el desfile de moda que organiza anualmente la Alcaldía de La Paz.

Tanta distinción tiene un precio. Sumando pieza a pieza lo que Victoria lleva puesto durante la entrevista, es como si estuviese cubierta de 125 billetes con la cara de Franz Tamayo (25.000  bolivianos).

De imposición a tradición

A finales del siglo XVIII hubo una revuelta indígena que la Corona española castigó con la imposición de un traje con el que pretendía borrar la identidad indígena. Así que falda (pollera), mantilla (manta) y otros elementos de la mujer española de la época cubrieron los cuerpos de las nativas. Pero, en un giro impensado, la población se apropiaría de esta forma de vestir, hasta tal punto que hoy pocos asocian esas ropas con la de los conquistadores. Al contrario, se habla de “traje típico” paceño.

David Mendoza Salazar, en el libro La Chola: Símbolo de identidad paceña, cuenta que el sombrero, por ejemplo, es una adaptación del europeo, que se usaba para protegerse del fuerte sol altiplánico. Hasta los últimos años del siglo XIX, los había de copa alta y baja, de ala ancha y corta. Eran de cuatro colores, como ahora, y estaban hechos de fieltro u ovejón.

En la década de los años 20 llegaron los sombreros tipo bombín, italianos, de la casa Borsalino. Dirigidos a los caballeros, un error hizo que los trajeran cafés y no negros, como se usaban en aquel momento. Para evitar las pérdidas, la importadora presentó la mercadería como la última moda en tocados para señora y así se hizo femenino, y tan característico.

La pollera era una falda plisada que ha sido modificada por la paceña con los años. Ha ganado en pliegues y en volumen, adquiriendo ese aspecto abombado.

La manta es una adaptación del mantón de Manila —complemento de los trajes tradicionales femeninos de algunas regiones de España— que se confecciona con gasa, seda o lino. Artesanos del Alto Perú introdujeron el tejido de vicuña para elaborar la prenda. Por si más mestizaje fuese necesario, el topo que se usa para sujetarla es prehispánico.

Texto: GEMMA CANDELA
Foto: NICOLÁS QUINTEROS y
DAVID GUZMÁN

domingo, 27 de marzo de 2011

To Tjoelker, la holandesa que baila mornada

Además de ser la consejera y jefa de Cooperación de la Embajada del Reino de los Países Bajos, es una de las más de 500 mujeres que bailan en la fraternidad folklórica Los Fanáticos. Morena holandesa

Con las trenzas largas, maquillaje, pollera y botas, To está irreconocible. Al menos en apariencia, porque así, vestida de chola, To es más To que nunca: ciudadana del mundo nacida en La Haya (Holanda), crecida en Sudán y Túnez, vecina de Ruanda, Burkina Faso, Guatemala, Bolivia y, en breve, de vuelta a África para trabajar en Mali. Tal la vida de quien se formó en Sociología para el Desarrollo y que aplica sus conocimientos desde la Embajada de los Países Bajos.

To Tjoelker llegó a La Paz el 2007. De los cuatro años que ha pasado en esta ciudad, ha bailado dos veces   en el Carnaval de Oruro y una en el Gran Poder. Este año iba a ser su tercero en la capital del folklore boliviano; pero el bloque de mujeres Macha Qhantati al que pertenece, de la fraternidad Los Fanáticos, decidió apoyar a los varones y no asistir a la fiesta en la que se prohibía que los morenos lleven el traje paceño. “Lástima”, dice quien en verdad se llama Catharina. Sin embargo, “todo es por algo” filosofa, pues en enero perdió a su madre y en febrero a su suegro y ella estaba muy triste. Se abrió entonces la posibilidad de bailar en Carnaval, pero la Jisk’a Anata se postergó por los desastres en La Paz. “Así que esos días los pasé en casa, tranquila y pensando en mis muertos”.

Como la fiesta se ha trasladado a abril, To tiene pensado bailar ese día 2 como despedida de Bolivia, pues el 5 partirá rumbo a Mali.

“Bailo por bailar”, dice, “por el ritmo, la vibra, para mí La Paz es una ciudad que vibra en cualquier momento... no puedo decir que me siento boliviana, pero sí paceña. Es raro decirlo cuando represento a Holanda en todo el país; pero así es”.

El Gran Poder, asegura la consejera y jefa de la Cooperación del Reino de los Países Bajos, “permite  encontrar gente de todo ámbito,  crear relaciones muy valiosas y profundas; a veces los diplomáticos se quedan en su mundo de expatriados, yo prefiero bailar en la calle y no en la residencia de un embajador”.

Respecto de la ayuda de Holanda a Bolivia, To enfatiza en el objetivo: que la gente viva con dignidad. Y destaca el tema cultural: “Para nosotros la cultura es un medio de buscar la comunicación. Si Holanda  no tuviera una relación financiera con Bolivia, ¿cuál sería la importancia de la relación? Pues el intercambio entre la gente, entre la riqueza de dos pueblos. Invertir en cultura es invertir en fortalecer estas relaciones”.


   Fotos: Miguel Carrasco y Klass Tjoelker